Con un energético show de estética futurista y un glamoroso vocalista, la banda alemana hizo delirar a la audiencia sub 17 que inundó de gritos al Movistar Arena.

Faltaban 28 minutos para el inicio del concierto de Tokio Hotel en Santiago, pero quienes ya se encontraban al interior del Movistar Arena tuvieron acceso a un claro “preview” de lo que sería la tónica de la velada.
El breve sonido de un par de instrumentos que probaban su sonido para el espectáculo desató la histeria de las quinceañeras presentes que demostraron cuán preparadas estaban sus gargantas para recibir a sus ídolos.
Desde ese momento y hasta el final del show, el recinto del Parque O’Higgins se convirtió en un hervidero de energía adolescente que nunca se enfrió, a pesar de que sólo se alcanzó a llenar cerca de un 70% de la capacidad del lugar.
A las 21.02 hrs. se apagaron las luces y quedó claro que Tokio Hotel es una banda que entiende a sus fans y explota todos los recursos que permitan mantener en alto la ansiedad de su público. Después de dejarlas gritar por cuatro minutos, finalmente cayó el gran telón que cubría el escenario, apareció el guitarrista, bajista y baterista y, desde el suelo, emergió en una alta plataforma la estrella de la noche: el frontman del cuarteto, Bill Kaulitz.
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